domingo 14 de julio de 2024 - Edición Nº2048

Nacionales | 10 jul 2024

Política

En el Tedeum en la Catedral y frente a Milei, el arzobispo García Cuerva advirtió: a muchos dirigentes “les falta el termómetro social de saber lo que viven los argentinos”

En el marco del Tedeum por el Día de la Independencia y ante Javier Milei, el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva volvió a criticar fuertemente a los dirigentes políticos, advirtiendo que a muchos “les falta el termómetro social para saber lo que viven los argentinos”.


“Señor Jesús, muchos argentinos están haciendo un esfuerzo enorme, un esfuerzo que conmueve, un esfuerzo esperanzador. No permitas que lo cascoteemos con intereses mezquinos, con la voracidad del poder por el poder mismo, con conductas reprochables que sólo demuestran que a muchos les falta el termómetro social de saber lo que viven los argentinos de a pie. No hipotequemos el futuro”, fueron las palabras de García Cuerva, ante la atenta mirada de Javier Milei y de todo el arco político.

Asimismo, afirmó que con su discurso buscaba ser “un aporte, a la luz de la Palabra de Dios, para la reflexión de todos los actores de la sociedad argentina”. Y reflexionó sobre las cosas que se hicieron mal durante años en el país: “Demasiadas cosas ya hicimos mal en el pasado del que nadie se hace cargo, aunque el resultado es que en Argentina, seis de cada diez chicos son pobres; niños con hambre revolviendo basura; chicos no escolarizados o con una instrucción demasiado básica, no pudiendo leer de corrido o interpretar un texto”.

Por otro lado, el arzobispo comentó que el gran objetivo de todos debe ser “que Argentina se cure, se ponga de pie, camine, se independice de las camillas que la tienen postrada, paralizada y enferma”.

En el cierre de su discurso, además de pedir “que nadie quede afuera” de esta Argentina, García Cuerva hizo mención al Plan Nacional de Alfabetización que días atrás lanzó el Gobierno Nacional: “La educación básica tiene que ser el primer objetivo de un plan de desarrollo, porque el hambre de instrucción no es menos deprimente que el hambre de alimentos: un analfabeto es un espíritu subalimentado”.

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