El IPC arrancó abril con más tristezas que alegrías. En la primera semana del mes los precios corrieron al 0,92% y la estimación intermensual se situaba en 3,2% mostrando una persistencia alta del shock inflacionario de marzo. En lo que fue el resto del período las subas semanales se moderaron sustancialmente, marcando datos de 0,25%, 0,37% y 0,33% para la primera, segunda y tercera semana respectivamente.
De esta manera, el IPC de abril mostró una desaceleración rotunda en comparación al 3,4% alcanzado en marzo. ¿Los motivos? La finalización total del efecto de passthrough producto de la devaluación en la época preelectoral y el pasaje del shock transitorio a los combustibles producto de la guerra en Medio Oriente.
En cuanto a la dinámica por rubros, la merma general en abril estuvo impulsada principalmente por la moderación en “Alimentos y bebidas no alcohólicas” e “Indumentaria”, que registraron un aumento mensual del 2,7% y una baja de 3,1%, respectivamente. Estos rubros aportaron 0,6 y -0,3 puntos porcentuales al índice general, explicando la moderación del resultado final.
Por otro lado, la estacionalidad del mes de marzo dejó de pegar en el rubro de educación. Como contraparte, el transporte subió sustancialmente a lo largo del mes, pasando de 5,7% en marzo a 7,4% en abril, pero con una tendencia decreciente a lo largo de las semanas.
En lo que respecta a mayo, le atribuimos un protagonismo crucial a lo que suceda con el conflicto en medio oriente y como eso pueda afectar los precios de las naftas una vez terminado el buffer de YPF que sostiene el congelamiento de precios. Dejando de lado este fenómeno específico, en línea con la política monetaria restrictiva del BCRA y la estabilidad cambiaria esperamos que el sendero de desinflación se profundice en mayo. En particular, ponderamos fuertemente la posibilidad de que la inflación pueda empezar con “uno” en vez de con “dos”.
LA OPINIÓN DE NUESTROS EXPERTOS
Iván Cachanosky, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, sostuvo que “es una buena noticia que la inflación comience a ceder y retome nuevamente el sendero de la desinflación”. Y agregó: “Probablemente los próximos meses continuemos con inflaciones mensuales más cercanas al 2% y ya en el segundo trimestre incluso por debajo de este número. De ocurrir esto, la inflación del 2026 podría cerrar en aproximadamente 26%, ubicándose por debajo del 32% del 2025. Ya sin ruido electoral y una oferta monetaria congelada y una demanda de pesos normalizándose, habría fundamentos para esperar una inflación que continúe bajando. Desde luego, habrá que monitorear que ocurre con la guerra en Medio Oriente y si se extiende el conflicto o no”.
Tomás Amerio, economista de la Fundación Libertad y Progreso, comentó: "El 2,4% de abril confirmó que el amesetamiento de la inflación respondía a efectos transitorios y no a un cambio de tendencia; el rubro de Alimentos se ubica por debajo del nivel general, lo que alivia al rubro de mayor peso en la canasta de los hogares. La desinflación retoma así su curso, sostenida por la potencia del superávit fiscal, que sigue siendo el ancla fundamental del proceso, acompañada por un tipo de cambio que permanece estable desde noviembre”.
Julián Leandro Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso, señaló: “Tal como veníamos pronosticando, la inflación comenzó a bajar una vez transitado el shock del petróleo. Sin embargo, habrá que estar atentos al desarrollo del conflicto en medio oriente. El 15 de mayo vence el buffer de YPF para congelar los precios de las naftas. Ante una eventual persistencia del conflicto, si el precio de congelamiento no captura la escasez presente, podríamos observar una presión renovada de los combustibles sobre el rubro de transportes en el mes de mayo”.