Sin la presencia de Javier Milei, quien se encuentra de gira por Israel, la Basílica de Luján fue la encargada de reunir a las principales caras del oficialismo y de la oposición, en una misa que estuvo a cargo del arzobispo de Mendoza y titular de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), que pidió continuar con el legado del sumo pontífice y aprender a “superar las divisiones que persistieron durante su papado”.
Entre los asistentes estuvieron el jefe de Gobierno de la Nación, Manuel Adorni; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; los ministros Diego Santilli (Interior), Alejandra Monteoliva (Seguridad) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación); mientras que por el lado de la oposición estuvieron el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof; el ministro de Trabajo, Walter Correa; la secretaria de Cultura, Florencia Saintout y el senador nacional, Wado de Pedro.
Pero la gran ausente fue Victoria Villarruel -a cargo del Poder Ejecutivo ante la ausencia del presidente-, quien tomó la decisión de no trasladarse hasta Luján y sí participar de la misa en la Basílica María Auxiliadora de Almagro, en donde dialogó con los medios y explicó los motivos de su ausencia: “Me pareció que se había politizado y que allí estaba lo peor de la casta política”.